Archivo mensual: junio 2010

El Diezmar – El Plan de Dios para Financiar La Iglesia y sus Alcances

El Diezmar – El Plan de Dios para Financiar La Iglesia y sus Alcances

¿Por qué experimentamos tal bendición cuando pagamos 10 por ciento de nuestros ingresos al Señor? Ciertamente no es porque Él necesite el dinero o cualquier cosa que pudiésemos ofrecerle. No, el diezmar es una poderosa manera de conectarnos con lo que Dios está haciendo en el mundo. El diezmo combinado de una congregación provee los fondos para apoyar los alcances de la iglesia: salvar gente, edificar el Cuerpo de Cristo, ministrar a los pobres, apoyar misiones, quizás patrocinar el Evangelio en la radio o televisión, y ayudar a proveer un sustento para el pastor y su equipo ministerial.

Como principio general, creo que las personas deberían diezmar a sus iglesias locales. Siempre he creído y enseñado que la iglesia local es el medio principal por el que Dios bendice a Su pueblo en la tierra. La iglesia local es donde los santos son cuidados, y debe ser la base de todos los demás alcances.

Todos los otros ministerios pueden y deberían ser apoyados por ofrendas y y otras formas de apoyo financiero por parte de individuos e iglesias. Pero en la mayoría de los casos los diezmos deberían ir a la iglesia local.

El ser capaces de ser parte del plan de Dios es la razón y propósito por el que pagamos nuestros diezmos y damos nuestras ofrendas. Al darnos cuenta que podemos volvernos socios de Dios en realizar Su voluntad trae un gran logro y satisfacción; mental, emocional y espiritualmente. Y además abre las ventanas del Cielo para un derramamiento de las bendiciones materiales.

Una de las enseñanzas más interesantes acerca del diezmo que he encontrado se viene de un libro titulado El Camino de las Riquezas, Publicado en 1888 por . El dice lo siguiente:

Es un hecho singular que todas las bendiciones que obtenemos, temporales y espirituales, vienen del Cielo. Hay tres cielos, uno donde vuelan los pajaros, o nuestra atmósfera; otro donde están el Sol, la Luna y las estrellas; y otro donde Dios habita. Todas nuestras bendiciones temporales; toda nuestra bendición nacional e individual, toda la riqueza material; en una palabra, todas nuestras riquezas vienen de la tierra y de los cielos, y mas aún, el rendimiento de la tierra depende totalmente del aire, del rocío, de la lluvia y de la luz del sol de los cielos, podemos decir prácticamente, que todas nuestras bendiciones temporales vienen del cielo. Ahora, Dios mismo se comprometió ha abrirnos las ventanas de los cielos derramar sobre nosotros las más divinas bendiciones, bendiciones desbordantes, “buenas, apretadas, remecidas y rebosando,” de las que “no exista tal habitación que las pueda recibir.”

Aquí Dios está haciendo un compromiso directo acerca de las bendiciones temporales, y yo soy lo suficientemente sencillo para creerle, e intento cumplir las condiciones y arriesgarme a las consecuencias. Es muy sencillo para Dios retener o conceder la prosperidad temporal. Almacenada en los cielos hay suficientes riquezas para que cada hombre vivo sea rico, y mi Dios, que tiene un compromiso conmigo, en todo momento puede abrir una pequeña ventana y dejar que me caiga una suave lluvia de bendiciones, quien proveerá para mí y los míos cada vez que necesitemos bienes temporales. “Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.” “Y el que saciare, él también será saciado.” “Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto.” Estas son ricas y preciosas promesas, que se cumplirán solo cuando cumplamos con las condiciones y paguemos nuestros diezmos.

Una gran parte de nuestra predicación, nuestro pensar y aun de nuestro devocional, vaporiza o espiritualiza las promesas de Dios. Nuestra incredulidad natural tiende a poner el cumplimiento de ellas para cuando estemos en el cielo, o para algún tiempo en el futuro. La incredulidad odia las promesas literales y que están en el tiempo presente. Pero esas promesas son literales y materiales; son para aquí y para ahora, son para ser disfrutadas en la tierra, nos retan a hacer un contrato o un negocio con Dios. Como establecimos antes, Él promete dinero por dinero; Dios dice: tú me pagas la décima parte, y yo te daré bendiciones terrenales y materiales, Yo te daré habilidades manuales como la mecánica; inclinaré a los empleadores a tu favor, obtendrás los mayores salarios; las huelgas no te afectarán, Yo estoy contigo, y veré que tú estés provisto.

Te haré prosperar como negociante, te guiare donde puedas hacer buenos negocios, enviare gente que te compre, pero el hombre de la puerta al lado, quien rechaza mi causa, se irá a la bancarrota, esa maldición no te tocará a ti. Miraré por tus cuentas cuando toque pagarlas, veré que tu cuenta bancaria sea suficientemente grande; en una palabra, seré tu socio y miraré por los intereses de tus negocios.

Y a ustedes pensadores, que se ganan la vida por sus sesos, haré que sus pensamientos sean claros; y les daré el santo impulso de originar: “pensamientos inspirados, y palabras que quemen”; sus producciones levantarán los corazones de los hombres; su trabajo estará en demanda; haré que la gente compre las producciones de su corazón y cerebro; solo me pagarán su décima parte; y serán cuidados.

El tiempo de sembrar y cosechar nunca fallará para los granjeros, bendeciré sus cultivos; multiplicaré sus graneros; la plaga y el moho se alejarán de sus granjas; recuerda: Yo soy el Dios de Abraham, Isaac y Jacob; Yo haré por ti lo que hice por ellos, solo reacuérdame como ellos.

Yo les daré salud a todos ustedes; la muerte no alcanzará a sus pequeños,  ellos vivirán hasta alcanzar una larga vida; yo abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre ustedes tales bendiciones que no habrá ninguna habitación suficientemente grande para recibirlas. Estas son bendiciones prometidas por Dios en la Biblia. ¿Quién de este grupo quiere dedicarle a Dios su décima parte?

Como le sugiero ahora, esta maravillosa bendición prometida en este pasaje de la Escritura, y en otros pasajes de ella, como recompensa de la obediencia, es más que una mera prosperidad temporal. Dios no solo abrirá las ventanas de los cielos de donde viene la riqueza material, sino que abrirá las ventanas mas altas del cielo donde Él habita, en el centro del universo, y de Su plenitud de gracia el derramará sobre los que son obedientes, bendiciones inexpresables y llenas de gloria.

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La Gente de Dios Debe Prosperar Para Hacer la Gran Comisión

La Gente de Dios Debe Prosperar Para Hacer la Gran Comisión

Como cristianos, podemos esperar ser bendecidos y prosperar si buscamos la prosperidad como un medio para cumplir con la voluntad y propósito de Dios. Jesús dijo de si mismo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).

Jesús comisionó a todos los creyentes a llevar la misma misión. En Marcos 16:15 el declaró: “. . . Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Eso parece ser suficientemente claro; ¡usted debe ir al mundo y predicar a toda criatura! Hoy día, con más de seis mil millones de de personas en el mundo, tenemos un trabajo poderosamente grande por hacer. Ciertamente necesitamos caminar en prosperidad para lograr conseguir los fondos para realizarlo.

Jesús también apuntó que necesitamos el poder del Espíritu Santo en nuestras vidas para realizar Su Gran Comisión. En Hechos 1:8 dice: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

¿Cómo se supone que vamos a ir para cumplir con la Gran Comisión? Primero, debemos empezar en nuestra Jerusalén o donde vivimos. Jerusalén era el lugar donde vivían los ciento veinte que estaban reunidos en el aposento Alto el día de Pentecostés. Luego, en segundo lugar, debemos testificar en nuestra región, nuestra Judea, y en la región cercana a nosotros, o nuestra Samaria. Finalmente, debemos llevar el Evangelio hasta las partes más lejanas de la tierra.

Una cosa es obvia, la gente golpeada por la pobreza está limitada en su capacidad de cumplir con la Gran Comisión. Sin recursos, tendrán dificultad en ir por todo el mundo y tampoco podrán enviar ayuda a otros. Por eso, si Dios requiere que todo creyente ayude a realizar su misión, entonces su plan y voluntad deben ser prosperar a Su pueblo.

A lo largo de la Biblia, ha sido típico que la obra de Dios se ha financiado por los diezmos y regalos de su pueblo. El diezmo es el diez por ciento de la cosecha, el grano o el incremento recibido.  El dar del pueblo de Dios se encarga del cuidado de la casa de Dios y de los que trabajan y además proveen los fondos para realizar Su obra en la tierra.

Quizás el texto más familiar de la Biblia acerca del tema de las ofrendas se encuentra en el Libro de Malaquías.

Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto dice el Señor Todopoderoso, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. Exterminaré a la langosta, para que no arruine sus cultivos y las vides en los campos no pierdan su fruto dice el Señor Todopoderoso. Entonces todas las naciones los llamarán a ustedes dichosos, porque ustedes tendrán una nación encantadora dice el Señor Todopoderoso.

– Malaquías 3:10-12

En este pasaje vemos que el diezmo esta conectado con la prosperidad. La Palabra de Dios dice que si diezmamos de nuestros ingresos al Señor, el derramara bendiciones desmedidas. Fíjese que Dios dice que bendecirá al diezmador de dos formas: En una abundancia de incremento y en la protección de la pérdida de sus bienes. En la Versión Reina Valera Malaquías 3:11 dice: “Reprenderé también por vosotros al devorador.”

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Establece Tus Motivos

Establece Tus Motivos

¿Podemos esperar ser prósperos? Si, podemos, tal como Jesús lo fue. Pero eso significa que los motivos que usted tiene para ser próspero deberían ser también los mismos de Él. Él quiere que Su pueblo, incluyendo sus predicadores, tengan lo suficiente para ser capaces de ir a enseñar, predicar y sanar a los enfermos en las villas y ciudades del mundo o para ayudar a otros a ir. En la economía de Dios, la prosperidad es el medio para un fin, el evangelismo mundial.

¿Por qué queremos prosperar? ¿Es nuestro deseo ministrar a otros o a nosotros? ¿Estamos buscando prosperidad para ayudar a financiar la obra de Dios o para disfrutar los lujos de la vida; grandes casas, coches vistosos, ropa cara, comida selecta y abundante entretenimiento?

No estoy sugiriendo que Dios quiere que vivamos con un presupuesto escaso, estrecho y con las justas. Numerosos versos del Antiguo Testamento prometen prosperidad; abundancia o tener más que suficiente, para los que hacen la voluntad de Dios. El Salmo 35:27 dice: “Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y digan siempre: Sea exaltado Jehová, que ama la paz de su siervo.”

Veamos otras versiones para entender más claramente

Salmo 35:27 (Versión Moderna)

¡Canten de gozo y alégrense los que se complacen en mi justicia! y digan siempre: ¡Sea ensalzado Jehová, que se complace en la prosperidad de su siervo!

Salmo 35:27 (Nueva Versión Internacional)

Pero lancen voces de alegría y regocijo los que apoyan mi causa, y digan siempre:  “Exaltado sea el Señor, quien se deleita en el bienestar de su siervo.”

¿Dios se glorifica con que usted viva arañando, con ingresos mínimos? No. ¿Él se glorifica en que usted viva extravagantemente, enfocando su tiempo y atención en el dinero y las posesiones mundanas? No. Debe haber balance y sentido común en nuestras vidas materiales.

Mientras leemos los Evangelios y estudiamos la vida de Cristo, obtenemos la figura de un Hombre que caminó por las calles de las villas y pueblos donde estuvo, pagando Sus gastos, mezclándose cómodamente con la gente común, y ayudando a los pobres. Pero también estuvo en casa visitando a los opulentos y poderosos. Fue a la casa de los fariseos y los líderes religiosos, tal como fue a la casa de los pecadores, como el recolector de impuestos Zaqueo. El primer milagro registrado de Jesús ocurrió en el banquete de una boda en Caná, donde convirtió grandes tinajas de agua en vino para la fiesta (mire Juan 2).

En el Sermón del Monte Jesús dijo que no debíamos preocuparnos, por la comida, la bebida o el vestido. Jesús dijo: “. . . pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, Y TODAS ESTAS COSAS OS SERÁN AÑADIDAS” (Mateo 6:32,33). El continuo diciendo: “Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes” (Lucas 6:38 NVI).

¿Suena como que Dios quiere limitar cuanto podemos tener? Absolutamente no. El simplemente quiere que mantengamos nuestras prioridades en línea recta. Filipenses 4:19 dice: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Ya hemos descubierto que las riquezas de Dios son ilimitadas.; todo le pertenece a Él.

Pablo urgió a la iglesia de Corinto a dar generosa y alegremente a la obra de Dios. El dijo: “Dios puede resarcirles dándoles todo lo que necesitan y más, para que no solo tengan lo suficiente para sus propias necesidades, sino que tengan lo suficiente para dar alegremente a otros” (2 Corintios 9:8 TLB, The Living Bible).

(Tomado del libro “El toque de Midas” de Kenneth E. Hagin)

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El Próposito de la Prosperidad

El Propósito de la Prosperidad

Jesús fue un hombre próspero.

Sin embargo, Su prosperidad no se midió por la acumulación de grandes riquezas ni posesiones mundanas. Él no vivió en un palacio con habitaciones llenas de oro, vigilando sus campos de ganado y ovejas. Su vida no fue pomposa o extravagante, y no fue accionado por la codicia y la avaricia.

Aunque estaba en un país pequeño dominado por el poderoso poder romano, donde la mayoría de las personas eran oprimidas y explotadas, las necesidades personales de Jesús fueron cubiertas. Él se podía permitir moverse por el país libremente, haciendo los negocios de Su Padre. Era incluso capaz de sostener doce discípulos que viajaban con Él alrededor de Galilea y de las regiones vecinas.

¿Por qué tenía Jesús esos relativamente abundantes recursos? Esos recursos lo capacitaban para hacer la voluntad de Dios. Quizás haya escuchado decir: “Cuando Dios dirige, Él provee.” Bueno, yo creo que el propósito de la prosperidad de los cristianos es que hagan la obra y voluntad de Dios.

¿Cuál es la voluntad de Dios? Juan 3:16 y 17 lo expresa de manera muy simple:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

¡El interés principal de Dios es salvar a los perdidos! Esa es la razón por la que envió a Su Hijo.

La Biblia también es muy clara acerca de lo que Jesús hizo cuando vino a la tierra. Mateo 9:35 dice:

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.”

Jesús es nuestro gran ejemplo. Deberíamos hacer lo que El hizo. Su propósito debería ser nuestro propósito. Jesús dijo:

“Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre” (Juan 14:12 NVI)

(Adaptado del Libro de Kenneth Hagin: “El Toque de Midas”)

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Diezmar o No Diezmar

Durante años la gente me ha preguntado de tiempo en tiempo si la práctica de diezmar todavía es válida para la iglesia de hoy.

“El Nuevo Testamento dice muy poco de ello,” dicen.

¿Los pastores y los demás ministros deberían predicar y animar a diezmar habiendo tan poca información acerca del tema en el Nuevo Testamento?

¿Deberían esta atados los cristianos a la ley del Antiguo Testamento?

Es verdad que hay muy poca información acerca del diezmar en el Nuevo Testamento. Dos de los Evangelios, Mateo y Lucas, informan del único incidente registrado en el que Jesús dice algo acerca de ello. Pero en ese caso, Jesús afirma claramente Su creencia en la práctica del diezmar.

Mateo 23:23 (LBA – La Biblia de las Américas)

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y éstas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquéllas.

Jesús reprendió a los hipócritas líderes religiosos de Su día quienes ignoraban partes vitalmente importantes de la Ley como la justicia, la misericordia y la fe, mientras que meticulosamente diezmaban hasta la última hoja de sus jardines.

Les estaba diciendo que el dar dinero no debía tomar el lugar del vivir correctamente.

A Dios no le interesa el dinero de las personas sino como es su corazón.

Pero Jesús dijo que las personas deberían diezmar.

Aunque la mayoría de las referencias bíblicas son una parte clara del Antiguo Pacto, el hecho es que el diezmo no fue introducido bajo la Ley. Simplemente fue regulado por la Ley.

El diezmar fue originalmente un acto de fe, ¡y la fe trasciende tanto el Antiguo como el Nuevo Pacto! Y “por fe” es como deberíamos diezmar hoy; no como un acto legalista, sino como un acto de fe.

En este estudio veremos lo que la Biblia enseña del Diezmo.

(Adaptado del Libro “El toque de Midas” de Kenneth E. Hagin)

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