Archivo mensual: febrero 2009

La Sanidad y el Nombre de Jesús – Parte 3

Hay sanidad en el nombre de Jesús, solamente debes de usarlo y traerá sanidad a tu vida.

Cuando el diablo traiga enfermedad a tu vida, dile así: “Satanás, en el Nombre de Jesús, deja mi cuerpo ahora. Enfermedad, yo te ordeno salir de mi cuerpo en el nombre de Jesús.”

Tú tienes la autoridad, úsala ahora y recibe tu sanidad.

Otro aspecto del nombre de Jesús y la sanidad es cuando oramos al Padre en el Nombre de Jesús para recibirla.

En Juan 16:23-24 dice: “En aquel día no me preguntareis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido”.

Este método es diferente al anterior; mientras que en Juan 14:13-14 dice que usemos el nombre de Jesús en contra de la enfermedad; aquí nos dice que oremos al Padre en el Nombre de Jesús.

Esta es la oración del Nuevo Pacto. Cuando Jesús dijo: “En aquel día,” el se refería a un día que todavía no estaban viviendo. El día en que los apóstoles pasarían del Antiguo al Nuevo Pacto.

Cuando Jesús hizo esta declaración, ellos estaban todavía en el Antiguo Pacto, pues Jesús aun no había muerto, resucitado y ascendido al Cielo.

Sin embargo, estaba por llegar el día en que se iba a empezar el nuevo pacto, donde la gente podría orar al Padre en el Nombre de Jesús.

¿Cuál seria el resultado de ese beneficio que Jesús les estaba anunciando que pronto tendrían?

Todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará.

De ahí vemos que la oración de la iglesia es orar al Padre en el Nombre de Jesús. No hay ningún otro nombre en el cual debemos orar.

Si el creyente quiere recibir algo de Dios en oración, debe ser hecho en el nombre de Jesús, y todo lo que pida lo recibirá. Y la sanidad está incluida en la oración.

Mi esposa y yo hemos visto a mucha gente ser sanada por la oración en el nombre de Jesús. También en nuestra vida diaria hemos visto sanidades por orar al Padre en el nombre de Jesús.

Otra cosa que vemos en este pasaje es la forma como nos acercamos a Dios, en el Nuevo Pacto, Dios es nuestro Padre.

Como vimos antes en el Antiguo Pacto los israelitas eran siervos de Dios, pero en el Nuevo, nosotros somos hijos de Dios.

Nuestra oración siempre es al Padre; no le pedimos a Jesús, ni al Espíritu Santo, ni a ningún ángel o persona, le pedimos a Dios. Esa es la forma bíblica.

Además en Juan 16:24 dice: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.”

¿Hay alguna persona que esté feliz de ser enferma? ¿Nuestro gozo se cumple cuando tenemos dolor?

Muchas veces he orado por gente con dolor, la tristeza y sufrimiento se reflejaba en su rostro, pero al recibir su sanidad en el nombre de Jesús, tu veías como cambiaba su rostro, podías ver el gozo y la felicidad en su rostro.

Tu gozo se cumplirá cuando tu le pidas al Padre que te que recibas la sanidad que proveyó para ti en su plan de redención en el nombre de Jesús, El responderá y la enfermedad se ira de tu cuerpo.

Pídele ahora al Padre recibir tu sanidad en el nombre de Jesús, y la tendrás.

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Como Cambiar tu Futuro – Nuevo Libro de El Ciberpastor

El Pastor Ricardo Botto, autor del blog “El Ciberpastor” anuncia su nuevo libro “Como Cambiar tu Futuro”.

Para tener mayor información y poder adquirirlo los invitamos a la página

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Que Dios les siga bendiciendo

El Ciberpastor

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La Sanidad y el Nombre de Jesús – Parte 2

Para los discípulos esto quedo bien claro; pues en Hechos 3:1-16 podemos ver como usaron el Nombre de Jesús: “Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entran en el templo. Este cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y los tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entro con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido. Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico de Salomón. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿O por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Y por la fe en su nombre, a este, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a este completa sanidad en presencia de todos vosotros.”

En este pasaje vemos que el nombre de Jesús fue lo que trajo sanidad a este hombre. Pedro no usó una oración para que este hombre sane. El demandó la sanidad de este hombre en el nombre de Jesús.

Nosotros también debemos usar el nombre de Jesús en contra de la enfermedad y el diablo.

No es a Dios a quien le demandemos que nos sane; en primer lugar, no fue El quien nos enfermó. Tampoco fue él quien te robó la salud; fue el diablo, como hemos visto antes, el diablo es el autor de la enfermedad.

El día de año nuevo del primer año que estuvimos de misioneros en Chile, vino una tía de mi esposa a nuestra casa, ella tenía una gastritis, la cual le causaba dolor y no le permitía comer.

Le dijimos que queríamos orar por ella para que fuese sana. Ella nos dijo que estaba bien. Fuimos con ella un cuarto aparte, y le empezamos a compartir lo que Jesús había hecho por ella en la obra de redención. Le dijimos que Jesús pago el precio de nuestra salvación y nuestra sanidad.

Le preguntamos si quería recibir a Jesús, y ella dijo que sí. Después que la guiamos a la salvación le dijimos que íbamos a orar para que ella sanase.

Demandamos su sanidad de esta manera: “Enfermedad, te ordenamos en el nombre de Jesús que la dejes. Gastritis, te ordenamos salir de ella.”

Cuando salimos del cuarto ella estaba totalmente sana.

Ese año nuevo, pudo participar de la cena sin ningún problema.

Esto lo he visto una y otra vez en mi vida, compartiendo en casas, iglesias y campañas; individualmente o en masa, sencillamente ordenar en el nombre de Jesús que la enfermedad se vaya.

Un pastor me llamó una vez “el último pentecostal tranquilo”, y es que en se sorprendió que cuando ministré en su iglesia, sin gritar, saltar, ni niguna otra manifestación externa, la gente fue sanada con un sencillo: “Sean sanos en el nombre de Jesús”.

No son las acciones externas lo que traen la sanidad sino el nombre de Jesús en contra de la enfermadad.

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La Sanidad y el Nombre de Jesús – Parte 1

La Sanidad y el Nombre de Jesús

Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

– Juan 14:13 – 14

En este pasaje dice que debemos pedir en el nombre de Jesús. ¿A quien debemos pedirle?

Una traducción literal de este pasaje sería: “Yo haré todo lo que pidas en mi nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pides algo en mi nombre lo haré.”

La frase “al Padre,” no se encuentra en el griego. Fue aumentada por Reina y Valera para contrastarlo con Juan 16:23-24. Las traducciones más recientes de la de la Biblia han corregido esto.

Veamos como lo traducen otras versiones:

Juan 14:13 (Biblia al Día)

13 Cualquier cosa que pidáis en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo.

Juan 14:13 (Biblia Latinoamericana)

13 Todo lo que pidan en mi Nombre lo haré, de manera que el Padre sea glorificado en su Hijo.

Juan 14:13 (Biblia del Pueblo de Dios)

13 Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Hombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

Juan 14:13 (La Biblia de las Américas)

13 Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

Juan 14:13 (Nueva Biblia de los Hispanos)

13 Y todo lo que pidan en Mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

Juan 14:13 (Nueva Versión Internacional)

13 Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre,  yo la haré;  así será glorificado el Padre en el Hijo.

Juan 14:13 (Versión Peshitta)

13 Y lo que pidan en mi Nombre, les concederé, para que el Padre sea glorificado en su Hijo.

Incluso la Revisión de la Reina Valera de 1865, casí 100 años antes de la versión 1960, ya había la corregido ese pasaje: “Y todo lo que pidiereis en mi nombre, esto haré; para que el Padre sea glorificado en el Hijo.”

Al colocar esa frase se pierde lo que Dios quiere decirnos, pues, nos hace de pensar que esta hablando de oración cuando no es así.

Además, la palabra griega aiteo que se usa para “pedir”, es una palabra que nos muestra la acción de exigir o demandar.

Podemos escribir este pasaje de este modo: “Todo lo que demandes, o exijas, en mi nombre, yo lo haré.”

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El Espíritu de Fe – Parte 6

Estaba la viuda que iba a vender a sus hijos como esclavos, porque su esposo había muerto y le había dejado una gran deuda; y va donde el profeta y le dice: “Profeta, tengo este problema.” Y el profeta le pregunta: “¿Qué tienes en tu casa?” Y la mujer le dice: “Bueno, tengo una vasija con aceite.” Y el profeta le dice: “Vas ha hacer esto, vas a buscar vasijas vacías y vas a empezar a llenarlas con tu vasija de aceite, y el aceite va ha empezar a multiplicarse, y vasija que vas llenando la separas y vuelves a colocar otra, y otra, y otra.”

Así que la mujer buscó todas las vasijas de la casa y le dijo a sus hijos que les pidan vasijas a los vecinos; y los hijos consiguieron las vasijas, y cuando la mujer hizo lo que le dijo el profeta, las vasijas se fueron llenando una tras otra, hasta que se acabaron las vasijas. Le pidió a sus hijos más vasijas, pero ya se habían acabado todas las que tenían los vecinos, y cuando se acabaron las vasijas, dejó de fluir el aceite.

Cuando la mujer actuó llenando las vasijas, ¿qué paso? El aceite se fue multiplicando.

Y le pregunta al profeta: “¿Y ahora que hago con el aceite?” Y el profeta le respondió: “¡Ay mujer! ¡Véndelo pues! Con lo que ganes pagarás la deuda y con lo que sobre podrás vivir.”

Ella tenía que hacer algo.

Estaba Jesús en el Estanque de Betesda, y lo ve un hombre que había estado 38 años enfermo, y Jesús le pregunta: “¿Quieres ser sano?” Y el hombre le responde: “¡Ay Jesús! Cada vez que se mueve el agua y me levanto, ya se han metido por lo menos 12 personas en el estanque.”

Y Jesús le dijo: “Te he preguntado si quieres ser sano, no las circunstancias que te impiden ser sano; pues bien, si quieres ser sano levanta tu camilla y vete a tu casa.”

Y el hombre levantó su camilla y se fue contento, y los fariseos molestos le dicen: “¿Por qué cargas tu colchón? No te es lícito hacerlo en sábado.” Y el hombre les dijo: “El que me sanó me dijo que lo haga, y yo como soy obediente me levanté, tomé mi camilla y me voy a mi casa.”

El hombre tenía que hacer algo, y tú también tienes que hacer algo, tú has creído, el espíritu de fe está en ti, como este hombre, tú debes colocarle patitas a tu fe.

La fe no es coja ni tampoco es ciega, la fe te guía porque la fe ve la respuesta; y tu actúas porque tú sabes que sabes que ya lo tienes. No lo tendrás algún día sino que ya lo tienes.

Y la mujer lo sabía, ella tenía una convicción interna que ya tenía su respuesta, por eso fue entre la multitud a tocar el manto de Jesús y recibió su sanidad.

Y Jesús empezó a preguntar quien lo había tocado, y Pedro se molesto y le dijo: “Jesús, no te pases, ves que la multitud te aprieta y preguntas quien me ha tocado”, pero Jesús le dijo: “Alguien me ha tocado de una manera diferente, con un toque de fe.”

Y Jesús insistía, así que la mujer temblando vino y le contó lo que le había pasado; y Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha sanado”

Alguna dirá, ¿pero Jesús no la sanó?, pero Jesús le dijo que fue su fe la que la sanó. La fe de la mujer fue la que fue y tomó su milagro. ¿Y la fe en que se basó? En lo que la mujer había creído. Las acciones que tomó debido a lo que había creído.

Tú debes usar tu fe más tus acciones; es decir ir a la Palabra, creerla y actuar en ella.

Debes oír y declarar las cosas que Dios te ha dicho, si Él dijo que tu eres sano, debes declarar que eres sano por las llagas de Jesús, si el dice que el tomó tus enfermedades y dolencias, decláralo porque él las tomó, si dice que ya fuiste sanado, ya lo fuiste, y lo eres.

Si la Biblia dice que tienes una herencia, la herencia es tuya, si dice que has sido bendecido, tú tienes la bendición, Jesús ya completo y pagó la obra.

Las bendiciones ya son tuyas solo debes creer lo que dice la Palabra y declararlo con tu boca; en eso consiste el espíritu de fe, tu has creído a Dios, has creído su Palabra y tu la declaras con tu boca; y como lo declaras con tu boca, porque sabes que es tuyo eso te motiva ha hacer algo.

¡Tu tienes el espíritu de fe!

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El Espíritu de Fe – Parte 5

Esta mujer decía, tal como dijeron Josué y Caleb en números 13 y 14; que luego de venir de la tierra de Canaán con los otros diez espías que decían: “Si la tierra es buena, pero. . .es tierra que mata a sus moradores; y además están los gigantes, y estos gigantes son tan grandes que nosotros nos vimos como langostas, y ellos. . . ¡ellos también no vieron como langostas!”

Y toda la gente empezó a llorar y clamar: “Oh Señor, porque nos trajiste aquí, para que nos muramos en este desierto.”

Y Josué y Caleb los callaron y dijeron: “Oigan, ¡cállense la boca! ¿Quién es nuestro Dios? Ellos no tienen amparo, su amparo se ha ido de ellos, nos los vamos a comer como pan.”

¿Y saben lo que hizo el pueblo después de escuchar estas palabras de fe? Gritaron: “¡Matémoslos!”

Y Dios se apareció molesto, listo para exterminar al pueblo de Israel, y Moisés le dijo: “Pero Dios, ¿cómo vas ha hacer eso? ¿qué va ha decir la gente de ti? Que porque no pudiste meterlos en la tierra prometida, los mataste en el desierto.”

Y Dios escuchó a Moisés pero le dijo: “Así como ellos dijeron que iban a morir en el desierto, por los 40 días que marcharon en el desierto, ellos estarán un año por cada día, hasta que muera el último de ellos que tenga más de 20 años y solo entrarán los menores de 20 años.” Y así pasó.

Pero de Josué y Caleb dijo que ellos serían los únicos que entrarían en la tierra prometida porque en ellos hubo otro espíritu, ¿qué espíritu? El espíritu de fe.

Pasados 45 años, teniendo Caleb 85 años le dijo a Josué: “¿Te acuerdas lo que pasó en el desierto esa vez con los espías?” Y Josué le dijo: “Si, si me acuerdo”; “¿Te acuerdas que Dios nos dijo que nos daría nuestra tierra? Pues, ¡yo quiero mi tierra!” Y le siguió diciendo a Josué: “Mira, yo ahora tengo 85 años, pero tengo la misma fuerza que tenía a los 40 para conquistar mi tierra, así que te pido que me des la tierra donde vivían los gigantes, porque allí pienso vivir.” Y fue y conquisto esa tierra.

¿Qué lo llevo a conquistar su tierra? Su boca.

Tu boca, tus palabras, son las que te llevan a conquistar tu tierra, tus palabras son las que te llevan a la victoria.

Tus palabras te derrotan o te hacen triunfar; tus palabras te matan o te dan la vida,; tus palabras te hacen pasar hambre o quedar saciado, ¡son tus palabras!

Lo que tu estás hablando, lo que tu estás declarando es lo que vas ha recibir.

Esta mujer decía: “Si tan solo toco el manto de Jesús, seré sana; si tan solo toco el manto de Jesús, seré sana.” Y algo se levantó en ella.

Romanos 10:17 dice que la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios.

Dice: “Toco su manto seré sana, toco su manto seré sana, toco su manto y seré sana”; y la fe se empieza a levantar, y la mujer hizo algo, tocó el manto de Jesús, ¿y que pasó? Instantáneamente quedó sana.

La fe siempre actúa en lo que cree, la fe hace algo; la fe no se queda en las palabras sino que se mueve en las acciones, si tú estas hablando y declarando, tu vas ha hacer algo, la fe siempre actúa en lo que cree.

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El Espíritu de Fe – Parte 4

Nuestras palabras nos dicen donde vamos, nuestras palabras nos dicen lo que va ha suceder.

Por eso continuamente debemos estar declarando lo que somos en Cristo, las cosas que tenemos en Él y las cosas que vamos ha hacer.

Hace muchos años, cuando aún no sabía de la confesión y sabía un poquito acerca de la fe, había viajado a Estados Unidos porque quería estudiar la Palabra pero Dios me dijo: “Regresa al Perú e ingresa a la universidad.”

Bueno, regresé al Perú y decidí ingresar a la Universidad Católica, hacía dos o tres años que no había estudiado nada, pero decidí ingresar a la universidad más difícil, a ingeniería, lo había intentado hacía unos años y no había ingresado por un cuarto de punto, pero dije, “Yo voy a ingresar a la universidad.” Y le decía a la gente: “Yo no voy a postular a la universidad, yo voy a ingresar”; yo declaraba eso. Y me enfrentaba a una carrera en la que se presentaban 7,000 postulantes para 400 vacantes.

Y yo cometí el error de decir: “Yo voy a ingresar a la universidad aunque sea el último de la ampliación.” Y cuando di el examen me quedé en el puesto 437. Así que empecé a decir: “Van a ampliar hasta el número 437”. Y yo iba todos los días a la universidad; y fui siete veces, y a la séptima vez vi que habían colocado un papel que decía: “Hemos ampliado hasta el número 437.” Y nunca habían ampliado 37 vacantes, lo máximo que habían ampliado era 25, pero ampliaron hasta mi número y fui el último de la ampliación.

Ahora, ¿Qué me llevó a ingresar en el último puesto de la ampliación? Lo que había dicho que iba a ingresar a la universidad aunque fuese el último de la ampliación.

Tus palabras te llevan donde tu vas, y yo no era pastor en ese momento, tenía 20 años y era un simple creyente como ustedes (aunque sabía que tenía un llamado de Dios), y tenía una boca, que fue bien usada, porque la vida y la muerte están en poder d ela lengua y el que la ama comerá de sus frutos.

Entonces, ¿Qué tienes tú? Tienes tu boca, así que ahora tienes que llenar tu boca de palabras. ¿Qué palabras? Palabras de fe; porque tienes el espíritu de fe, que dice: “Creí, por lo cual hablé.”

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El Espíritu de Fe – Parte 3

Estaba escuchando hace unos días a un hermano que estaba compartiendo de Santiago 3 y hablaba que la lengua es como un timón que gobierno un barco que donde lo guía, allí lo dirige.

Tu barco, que es tu vida, se dirige al lugar que estás hablando.

Y puede que al principio las cosas estén yendo al revés, que no estén yendo al lugar que  estás hablando, pero el barco dará la vuelta.

Hace años, un amigo mío que es pastor ahora, él estaba bajando por la costa verde y se le vaciaron los frenos, y el carro se iba directamente hacia el cerro, iba a chocar, y el dijo: “En el nombre de Jesús este carro no choca”; y en el aire se volteó el carro, se metió a la pista y se arreglaron los frenos.

Sus palabras le salvaron la vida, estaba destina a irse al cielo antes de tiempo, o por lo menos a quedar en muy mal estado en esta tierra, pero el declaró en el nombre de Jesús y el curso de su barco cambió.

Tú tienes el poder de cambiar el curso de tu vida; tu puedes cambiar el destino de tu vida con tus palabras, lo que tu hablas el día de hoy es lo que vas a tener el día de mañana, y tú estás teniendo el día de hoy lo que hablaste ayer.

Recuerda cuantas cosas has hablado y mira donde estás ahora; pero tu puedes cambiar hoy el curso de tu vida e ir donde tu quieres ir.

Tú eres el profeta de tu vida, tú profetizas, tú hablas, tú declaras a donde vas; tú declaras lo que eres, tú declaras lo que tienes, tú declaras en tu vida las cosas que van a suceder.

Si hablas correctamente, recibes cosas buenas.

Hace unos años nos llegó la noticia de que nuestro hijo José se iba a morir, le vino un acceso bronquial tan fuerte que la doctora lo vio y dijo “va ha morir”. La noticia la escuchó mi esposa y le dijo: “No, no va ha morir, él va ha vivir.” Y declaró lo que iba a pasar en mi hijo. Y cuando yo fui y la vi, me puse de acuerdo con ella: “Él va ha vivir y no va ha morir.” Y de pronto su cuerpo cambió, como estaba en emergencia, no quisimos que se hospitalice porque sabíamos que ya estaba sano; habíamos declarado, habíamos hablado, y había empezado el cambio, y fuimos a la casa, él estaba sano por las llagas de Jesús.

Lo que determinó el caso fueron nuestras palabras, nuestras palabras nos dicen donde vamos, nuestras palabras nos dicen lo que va ha suceder.

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