Archivo mensual: enero 2009

El Espíritu de Fe – Parte 2

Que importante es que tu creas las cosas correctas, si tú crees correctamente recibirás las cosas correctas de Dios en tu vida.

Si crees de manera incorrecta, como la gente que dice “yo creo que Dios enferma” y se enferman y dice: “Si pues, Dios me enfermo”.

O si no están con su cara de pobreza, pensando que Dios quiere que la gente sea pobre y diciendo: “Benditos los pobres porque de ellos será el reino de los cielos.” Pierden el trabajo y dicen: “Es la bendición de Dios”. Le roban la casa y dicen: “Dios me ha bendecido, Él es tan bueno que le ha dicho al diablo que se lleve mis cosas”.

Si tú crees mal, tú recibes mal.

Te estoy hablando que si sale de tu boca fracaso, duda, incredulidad, temor, escasez, pobreza o lo que sea negativo, entonces estás creyendo mal y no puedes recibir lo mejor que Dios tiene para ti, porque Dios es un Dios bueno y Él tiene cosas buenas para ti.

En Santiago 1 17 dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto,  del Padre de las luces,  en el cual no hay mudanza,  ni sombra de variación.” Porque Él no ha cambiado y sigue siendo el mismo. Si Él ha hecho algo ayer, lo hará el día de hoy, y si hizo algo por alguien lo hará también por ti, porque Dios no tiene favoritismos.

Dios no ama más al pastor porque sea pastor, Dios te ama a ti, Dios te ama.

Cuando dice que Dios no hace acepción de personas, una mejor traducción es que Dios no tiene favoritismos; “a este lo amo, a este no lo amo, este me salió buenito, este me salió malito”; ¡no! Dios nos ama a todos igual.

Yo se que en el mundo dicen: “En este hijo invierto más porque se que me ha salido bueno, el otro desgraciado también es mi hijo, pero en este invierto más”. Así es el mundo, ¿no? Yo lo he escuchado de primera mano, me lo han dicho. Pero Dios no es así.

Dios invierte en ti porqué te ama, Él te dio todo, te dio a Su Hijo, Él invirtió lo mejor que tenía para que tú tengas lo mejor.

Dios siempre te da lo mejor porque Él es bueno; Dios no es escaso, Dios no es pobre, Dios no es tacaño; Dios es bueno, Dios es rico, y Él te ha hecho rico en Cristo Jesús.

Dios no tiene favoritismos y esta mujer lo sabía, Si vamos a los versos anteriores veremos que mucha gente había sida sanada por tocar a Jesús, y ella dijo: “Yo no voy a tocar a Jesús, tan solo voy a tocar su manto y voy a ser sana.”

Esta mujer estaba hablando lo que quería. Ella hablaba lo que creía.

¿Tú que estás hablando? ¿Qué está saliendo de tu boca?

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El Espíritu de Fe – Parte 1

Marcos 5:25-29

25  Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre,

26  y había sufrido mucho de muchos médicos,  y gastado todo lo que tenía,  y nada había aprovechado,  antes le iba peor,

27  cuando oyó hablar de Jesús,  vino por detrás entre la multitud,  y tocó su manto.

28  Porque decía:  Si tocare tan solamente su manto,  seré salva.

29  Y en seguida la fuente de su sangre se secó;  y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.

Esta mujer era una mujer que tenía el espíritu de fe.

Ella decía. Si tan solo toco el manto de Jesús seré sana. Ella decía una palabra de fe continuamente, una afirmación constante en la que declaraba lo que iba a pasar en su vida.

Tu eres el profeta de tu vida y declaras lo que va ha ocurrir en ella. En el día de mañana aún cuando las cosas vayan de mal en peor.

Esta mujer había pasado por eso, porque durante 12 años ella había estado enferma, yendo de médico tras médico, gastando dinero y más dinero, hasta que se quedo pobre.

12 años médico tras médico no hay billetera que lo resista.

Ella se dio cuenta de que la solución no estaba en los médicos naturales sino que la solución era espiritual, y empezó a decir: “Si tan solo toco el manto de Jesús voy a ser sana.”

Ella hablaba, declaraba, proclamaba; y como dice 2 Corintios 4:13: “Pero teniendo el mismo espíritu de fe,  conforme a lo que está escrito: Creí,  por lo cual hablé,  nosotros también creemos,  por lo cual también hablamos.”

Si tienes el espíritu de fe tu hablas y declaras las cosas que crees; y la mujer creía algo, porque cuando ella escuchó de Jesús es que empezó a hablar.

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Conociendo Nuestro Pacto – Tercera Parte

La ley en si no es mala pero no fue dada para justificarnos, pues nadie puede cumplirla debido a que exige un cumplimiento total. La ley era como un ayo o instructor (paidagogos) que nos lleva a Cristo.

Paidagogos significa “Un guía, un guardián o entrenador de niños; literalmente un líder de niños, un tutor. El paidagogos no era un instructor de niños, pues, su propósito no era la impartición de conocimiento sino el entrenamiento y la disciplina, así que ejercía una supervisión general sobre el niño, y era responsable de su bienestar moral y físico.”

La ley no es lo que nos justifica delante de Dios sino la promesa que se recibe por medio de la fe en Cristo.

Por ese motivo es que las bendiciones de Abraham las recibimos por medio de la fe en Jesucristo.

Hebreos 8:6

6 Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas

Ahora estamos en un mejor pacto porque recibimos la promesa por medio de la fe y no por medio de las obras de la ley; es decir, no es por medio de nuestras acciones que recibimos la promesa, sino por las acciones de otro, es decir de Jesucristo

Romanos 4:1-16

1 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?

2 Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.

3 Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.

Abraham mismo recibió las promesas por medio de la fe y no por medio de las obras

4 Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda;

5 mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

No podemos esperar justificarnos ante Dios por medio de las obras para alcanzar justicia, porque en ese caso recibiríamos la justicia como un salario por nuestras obras, mas es por fe, para que sea por gracia de Dios.

6 Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras,

7 diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.

8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.

Aquí vemos que David también habló de una justificación gratuita, no por las obras que se hagan sino por el favor de Dios.

9 ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia.

¿Para quién es esta bendición? ¿Para los de la ley, o para los de la fe?

10 ¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.

11 Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia;

Vemos que Abraham recibió la circuncisión, que es la señal del pacto, como consecuencia de la fe que tuvo cuando era incircunciso.

12 y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.


Y vemos que Abraham no solo es padre de los judíos, que son os que se circuncidan según la carne, sino también padre de los que seguimos sus pisadas de fe, es decir de aquellos que hemos creído en el Señor Jesucristo.

13 Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.

La promesa que recibió Abraham de ser heredero del mundo no vino por medio de la ley sino por medio de la fe.

14 Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.

15 Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

Si la ley nos diese la promesa, tendríamos que ganarla por medio de nuestras buenas acciones y la fe de nada valdría.

16 Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.

La promesa es por medio de la fe para que pueda ser firme para los que somos de la fe de Abraham; y por ser hijos de Abraham podemos decir: “Las bendiciones de Abraham son mías.”

Así que aprendamos a disfrutar de la herencia que nos pertenece por el hecho de ser hijos de Abraham por la fe.

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Conociendo Nuestro Pacto – Segunda Parte

Esto lo vemos desde el Antiguo Testamento:

Como dice en Habacuc 2:4: “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.”

En realidad, este verso es tan importante que se repite 4 veces en la Biblia: Habacuc 2:4, Romanos 1:17, Gálatas 3:11 y Hebreos 10:38, esto muestra que es de suma importancia que nos demos cuenta que recibimos nuestra justificación para con Dios por medio de la fe y no por medio de la ley o de las obras.

Gálatas 3:15-18
15 Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.
16 Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.
17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.
18 Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.

Veamos este pasaje en la Biblia Expandida de Fe:

Gálatas 3:15-18 (Biblia Expandida de Fe)
15 Hermanos, voy a ponerles un ejemplo de la vida cotidiana (una práctica humana común y corriente), cuando dos personas hacen un pacto (un contrato, un acuerdo), y lo ratifican (respaldan) con su firma, no puede luego ser invalidado ni modificado (nadie puede anularlo ni agregarle nada).
16 Ahora bien, las promesas (los pactos, los acuerdos) se le hicieron a Abraham y a su descendencia (su simiente, su heredero). La Escritura no dice: “y a los descendientes”, como si hablara de muchos, sino: “y a tu descendencia (tu simiente, tu heredero”, dando a entender que es uno solo, que es Cristo (el Ungido).
17 Lo que les quiero decir es esto: la Ley que fue promulgada [y llegó] cuatrocientos treinta años después, no puede anular un testamento (pacto, contrato) formalmente establecido [y ratificado] por Dios para con Cristo, dejando así sin efecto (anulando, aboliendo) la promesa.
18 Porque si la herencia dependiera de la Ley [como los judaizantes quieren que ustedes crean], ya no procedería de la promesa, y sin embargo, Dios se la concedió gratuitamente a Abraham por medio de la promesa.

Debemos entender que Dios hizo con Abraham un pacto que fue muy anterior a la Ley y que establecido y ratificado por Dios para con Cristo, y por ese motivo esa Ley no puede anularlo ni abolirlo.

Y nosotros por estar en Cristo también estamos incluidos en ese pacto y por eso no es necesaria la Ley para que podamos recibir nuestra herencia.

Este pacto fue hecho por la fe y no por la ley; es decir, la herencia del pacto viene para aquellos que somos de la fe.

Así que como creyentes en Cristo tenemos todo el derecho recibir la herencia que Dios le concedió gratuitamente a Abraham por medio de la promesa.

Gálatas 3:19-29
19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.
20 Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno. 21 ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.
22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.
23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.
24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.
25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo,
26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;
27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.
28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

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Conociendo Nuestro Pacto – Primera Parte

Una de las cosas que el creyente debe conocer son las bendiciones que tiene por medio del pacto que Dios hizo con Abraham y que nos alcanzan a nosotros por medio de Cristo.

Gálatas 3:6-14
6 Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.
7 Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.
8 Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.
9 De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá;
12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.
13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),
14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

Las bendiciones del pacto de Abraham son para nosotros, los creyentes, por medio de la fe en Jesucristo.

Cristo nos redimió de la maldición de la ley que nos imposibilitaba el recibir las promesas del pacto con Abraham para que de ese modo nos apropiásemos de ellas y además recibiésemos la promesa del Espíritu.

La promesa no la recibimos por medio de las obras de la Ley ya que la ley traía una maldición en si misma, “Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas;” y como ningún hombre era capaz de cumplirla a su cabalidad, todos los hombres caían en la maldición.

Por eso es que ningún hombre podía justificarse por la ley, es más, en la Biblia está establecido que el justo vivirá por medio de la fe.

La Biblia Expandida de Fe lo coloca de esta manera

Romanos 10:8-12 (Biblia Expandida de Fe)
8 Además,  la Escritura,  habiendo previsto que Dios justificaría (declararía y haría justos) por la fe a los Gentiles,  anunció (declaró, proclamó) de antemano el evangelio [, las buenas nuevas de un Salvador,] a Abraham, diciendo: “Por medio de ti serán bendecidas todas las naciones.”
9 De ese modo, los que son de la fe son bendecidos y reciben las mismas bendiciones que recibió Abraham, con el creyente (el hombre de fe).
10 En cambio, los que para salvarse se aferran a la Ley mosaica [pensando que podrán justificarse por obedecerla], están bajo la maldición de Dios, como dicen las Escrituras: “Maldito (separado y consagrado para la destrucción, condenado para el castigo eterno) todo aquel que no se mantenga cumpliendo y practicando [todas y] cada una de las disposiciones (preceptos y mandamientos) escritas en el libro de la Ley”.
11 Ahora bien, es evidente que por la ley nadie es justificado (declarado y hecho justo) delante de Dios,  porque  [la Escritura dice:] ” el [que es declarado y hecho] justo [por Dios] vivirá por la fe”.
12 Sin embargo, la Ley no se basa  en la fe [no procede de la fe, no da lugar a la fe, y es contraria a la fe];  sino que,  “el que practica estas cosas [que están prescritas en la Ley] vivirá por ellas”

De ahí podemos ver que no es por la ley que nos justificamos ante Dios ni recibimos las bendiciones del pacto sino por medio de la fe.

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