Jesucristo, el Incomparable – 13


Testimonios

Acerca de Jesús – 3

 

En Juan 6:38 Jesús dijo abierta y públicamente de donde venía: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.”

Aquí Jesús está declarando su origen divino.

En Juan 8:42 Jesús siguió dando más luz acerca de esto: “Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió.”

En Juan 5:17-18 Jesús dio otra afirmación que fue claramente entendida por los judíos: “Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.”

Jesús no tenía ningún temor de decir que era el hijo de Dios, lo decía de tal manera que los judíos lo entendiesen claramente.

Pero en Juan 10:30 Jesús fue más allá cuando dijo: “Yo y el Padre uno somos.”

Varias Biblias (Biblia del Pueblo de Dios, Nacar Colunga, Latinoamericana, Reina Valera 2000 entre otras) dicen: “Yo y el Padre somos la misma cosa.”

Si Jesús y el Padre son la misma cosa, entonces Jesús es Dios.

En Juan 14:7-9 mientras Jesús habla con Felipe hace un declaración que reafirma lo anterior: “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?”

Si el que ha visto a Jesús ha visto al Padre y Jesús y el Padre son lo mismo, entonces Jesús es Dios.

Durante su vida Jesús no tuvo problemas en recibir la adoración de la gente, ni tampoco que le dijeran Dios.

En Mateo 14:33 dice: “Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.” Aquí Jesús permitió que la gente le adorara y que le dijeran Dios; el no se molestó cuando lo adoraron diciendo: “No me adoren, yo no soy Dios solo soy un hombre.”

En Mateo 28:8-9 Jesús dejó que las mujeres le adoraran: “Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.”

En Juan 5:23 Jesús dijo que lo debían adorar como lo hacían con el Padre: “para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.”

La palabra honrar es el término griego timao que significa reverenciar.

Si Jesús exigió reverencia y aceptó la adoración de la gente es porque Él sabía claramente que era Dios.

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